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La idea de esta página, es reflexionar juntos acerca de la vida de la Virgen María. Descubrir el mensaje profundo que se esconde tras los textos bíblicos y otros. Por eso te invito a participar activamente. El enriquecimiento será mutuo. El mundo necesita que los cristianos maduremos en nuestra fe. Así el Reino de Dios será una realidad concreta hoy y ahora.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

CUARTA REFLEXIÓN SOBRE EL SÍ DE MARÍA

CUARTA REFLEXIÓN SOBRE EL SÍ DE MARÍA

LA ANUNCIACIÓN
Pintura de Lotto

A través del Adviento y de la vivencia de Navidad, he ido aprendiendo a ver a la Madre de Dios, con una mirada distinta.

Aquí vemos, y en otras reflexiones propias, incluso en los vídeos de las homilías de Nochebuena y Navidad, que el ángel, representa la voz audible del Padre. Ese Dios Padre que quiere hacerse cada vez más cercano a nosotros.

Aquí aparece María en una situación en la que se muestra por parte del pintor, toda la conmoción y sorpresa que suponemos debe haber sentido María en el mismo momento en que la voz del Padre se le hace totalmente audible.

También para mi, mirando hacia la época en que María vivió, supongo que se debe haber sentido desconcertada. Dios Padre hasta ese momento elegía a sus profetas en los hombres. Y ella no significaba nada especial para ese pueblo. María se sabía que su situación era entonces extraordinaria. Dios Padre, la había elegido de entre todas las mujeres para concebir a su propio Hijo.

María a pesar de estar formada en un ambiente familiar donde la Fe y la tradición religiosa se le transmitió sin lugar a dudas, no dejaba de ser una joven mujer, que recién empezaba a dar los pasos en la madurez.

Ese sí al Padre, dado por ella, imagino en mi corazón, debe haber salido luego del estupor, con total sorpresa incluso para ella misma. Salió de su corazón. Su razón no podía entender lo que sucedía. Ni siquiera lo que Dios le estaba diciendo.

Hoy la figura de María se ha transformado en una María, Mariocéntrica, quiero decir, centro del amor de los cristianos. A ella nos dirigimos y en ella esperamos su respuesta. Si bien en nuestra razón sabemos que ella es medianera ante su Hijo, no recordamos que en sus palabras estuvo que Jesús, era su Señor y su Dios.

María miraba siempre hacia la voluntad del Padre, y por esto es que surge de su corazón ese: << Si, Hágase en mi según tu voluntad.>> 

María no mira hacia sí misma, como algo especial, por el contrario. Su corazón salta de gozo, porque Dios se dignó fijar su mirada en ella y hacerla Madre de su Hijo. Ella que no significaba nada, lo significaba todo para Dios Padre.

En esta reflexión, mi corazón quiere aprender a aceptar que verdaderamente Dios nos ama así a cada uno de nosotros.

Y ¿Qué es lo que nos detiene, para vivirlo con la misma intensidad que lo vivió María, por lo que da Gracias en el MAGNIFICAT?

Que en ella, había un vacío, que solo llenaba Dios. No especulaba, no prejuzgaba el accionar de ese Dios Padre, aceptaba la vivencia de cada día, con infinita gratitud. No importando si al despertar y acabar el día, lo vivido había sido fácil o difícil. Sabía que Dios le amaba y estaba en ella y con ella.

Sólo esa fuerza, la experiencia del amor inconmensurable de Dios Padre, pudo dar a María la fortaleza para vivir todo el camino de la encarnación del Hijo y la entrega de Jesús por amor a todos los seres creados por el Padre.

Si tú y yo pudiéramos dejarnos amar así por Dios Padre, hoy a través de la presencia total en Cristo, cuanto más fácil sería responder a la vida, con más vida. Cuanto más fácil sería gozar de ese amor, y vivir en un mundo que se encamine a la vida del Reino de Amor que el Padre trajo en Jesús a nuestras vidas.

Sin embargo, muchas cosas nos nublan el corazón. Muchas sombras se ciernen sobre nosotros y no logramos deshacernos de ellas. No sabemos pedir al Padre, el Ser como María. 

Te propongo y me propongo elevar mi pedido así:

¡Oh, María Santísima, Tú que en tu corazón saltaste de gozo al oír sin comprender las palabras de Dios Padre, sólo reconociendo el infinito amor que Él sentía por ti, ayúdanos a despojarnos de todo lo que en nuestro interior y exterior se interpone en esta experiencia vivencial de su eterno amor por nosotros. Así, nuestro Sí, sea, el primer camino al reencuentro de los brazos de ese Padre que nos aguarda y nos llama a través de Cristo, su Hijo, al Reino de su Amor eterno¡

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